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BERNARDO MONTEAGUDO:
EL SECRETARIO DE ESTADO DE LOS LIBERTADORES

Un pueblo que no posee conciencia histórica, fuente vital de la conciencia nacional, empieza a transformarse en sociedad compuesto por gente y no, por una comunidad histórica que trasciende a los desafíos de la época. Un nuevo mañana en la hora de la Segunda Independencia de Nuestra América al decir de José Martí, nos reexige a ver desde un nuevo ayer .La historia es movimiento perpetuo, y la tensión dinámica de centros y periferias, centros que se vuelven periferias y periferias en centros.
En el fondo, la historia es la lucha del Hombre con el Hombre por la conquista de la dignidad, y nos hallamos en el pasaje de pasar de ser periferias a ser centros, siempre y cuando demos el salto cualitativo y cuantitativo de pasar a ser Estados-islas a Estado Continental Industrial de América del Sur. Sólo de esta manera, podremos formar parte del sistema multipolar en ciernes, en el momento de la crisis occidental tanto en su variante norteamericana y europea.

El Estado continental industrial será el resultado si tenemos éxito-tenemos 10 años- del unionismo hispanoamericano de los Libertadores y de la generación de la primera independencia, del Latinoamericanismo del 900 con Ugarte, Rodó, Vasconcelos, etc. y los Movimientos nacionales populares que levantaron las banderas de la democracia social, la industrialización y la integración. Aquí Perón plantea, el continentalismo en clave latinoamericana pero a partir del macizo geopolítico sudamericano y desde una equipolaridad entre el polo lusitano no fragmentado o sea Brasil y el polo hispánico, fragmentado en Estados-islas .Si esto no ocurre, pasaremos a ser periferias turbulentas en estado permanente y si, el Estado continental industrial se materializa consumamos la segunda independencia. Es una pelea en conjunto, como fue la primera independencia. La Unasur puede ser la punta del ovillo, pero hay que darle contenido geopolítico. Sólo sirve si es un instrumento para la Soberanía. Por eso, nos parece vital en cobrar fuerza lo que las RR.II anglosajona dice del Poder Blando, del poder de la Cultura. En nuestros pueblos el Poder Blando en verdad es Poder duro, porque únicamente rompiendo las cadenas de la dominación del imperialismo cultural, haremos los cimientos del Estado continental industrial. La cultura es la dimensión más profunda de la Soberanía. Y no hay cultura sin su requisito esencial, la conciencia histórica.

Por eso retoma especial significado, en esta reexigencia de un nuevo ayer para el nuevo mañana del movimiento dinámico de la Historia, recordar el natalicio de Bernardo Monteagudo, ocurrido en Tucumán, el 20 de agosto de 1789, quién tuvo la originalidad  de haber sido Ministro del Libertador General José de San Martín y del Libertador Simón Bolívar y sin dudas el Pensador Revolucionario de la Primera Independencia.

Como periodista en la Gaceta de Buenos Aires, Mártir o Libre, El Censor de la Revolución, El Pacificador del Perú y el Independiente, en su paso por la Universidad de Chuquisaca en la cuál se recibe de de Abogado, como Redactor del Acta de la Independencia de Chile, como impulsor del reformismo social en Perú y promotor del Congreso de Panamá bolivariano, en suma como Secretario de Gobierno de San Martín y Secretario de Guerra de Bolívar, lo muestran como un ideólogo pero también activista de la emancipación americana. Tanta pasión, tenía un destino, su asesinato confuso, el 28 de enero de 1825 en Lima.

Empieza como Abogado en la Real Audiencia y como defensor de Pobres en lo Civil. Escribe en 1808 una sátira política "Diálogo entre Fernando VII y Atahualpa", donde los dos Reyes se lamentan de los Reinos perdidos respectivamente y Atahualpa le manifiesta a Fernando VII:"Confesad que el trono vuestro, en orden a las Américas, estaba cimentado sobre la injusticia y era el propio asiento de la inquietud".
En este original escrito, apela Monteagudo:"Habitantes del Perú...Quebrantad las terribles cadenas de la esclavitud y empezad a disfrutar de los deliciosos encantos de la independencia".
Constituye una de las Primeras Proclamas independentistas de Nuestra América en la primera independencia. Es uno de los promotores y activista de la famosa Revolución de Chuquisaca en 1809, la primera, la que desata la semilla. Con 19 años es el Redactor de la Proclama, salta la chispa en La Paz y en Chuquisaca.

Monteagudo plantea el eje central de la soberanía popular: "¿Debe seguirse la suerte de España o resistir en América? Las Indias son un dominio personal del Rey de España; el Rey esta impedido de reinar, luego las Indias deben gobernarse a sí mismas."
Sofocadas con violentas represiones las rebeliones precursoras de La Paz y Chuquisaca, es encarcelado. Se logra fugar de la prisión en Tucumán. Juan José Castelli, representante de la Junta, lo nombra su Secretario Auxiliar de la Primera Expedición al Alto Perú. Después de la derrota de Desaguadero llega a Bs.As. y se convierte en la pluma de la Revolución, siendo redactor de la Gaceta de Bs.As., funda Mártir o Libre y participa del derrocamiento del Primer Triunvirato dominado por Rivadavia.
Entre 1814 y 1818 sufre varias peripecias, desde un exilio en Europa hasta un confinamiento en Mendoza, donde establece contactos en 1817 con San Martín y O Higgins.

En enero de 1818 es nombrado auxiliar de guerra del Ejército Libertador. Redacta la independencia de Chile. El gobierno de Chile le encarga la redacción de unas memorias sobre los principales sucesos de la gesta emancipadora. En 1820, San Martín lo nombra Secretario de Guerra. Participa en la campaña libertadora. En octubre de 1820 publica en Pisco el Boletín del Ejército Libertador.

Empieza a ser reconocido como "el mulato" en términos despectivos, por su origen indígena o africano por vía materna, hecho que se vería corroborado por todas las referencias históricas sobre los caracteres físicos de Monteagudo que resaltan su tez morena.
En Perú, San Martín se convierte en Protector de la Independencia del Perú y nombra a Monteagudo como Ministro de Guerra y Marina. Y al año siguiente en 1822, es nombrado Ministro de Estado y Relaciones Exteriores. Mientras se produce la entrevista de Guayaquil entre los Libertadores, una confabulación instigada por Riva Aguero, exige la renuncia de Monteagudo que debe dimitir ante las presionas. Las castas oligárquicas de Lima, no soportaban la influencia del "africano" o del "mulato" en la política social de reivindicación de los desposeídos que llevaba San Martín. Es desterrado a Panamá. En diciembre se entrevista con Bolívar. Es nombrado por Bolívar Secretario de Estado y Representante diplomático en Méjico y Guatemala, toma contacto en Guatemala con el precursor de la Unidad centroamericana, José Cecilio del Valle.
A partir de ahora se convierte en el más fervoroso impulsor de un Congreso General Americano. Influye enormemente en Bolívar y su convocatoria al Congreso de Panamá.

Regresa al Perú junto a Bolívar. En agosto asiste como Miembro del Estado Mayor de Bolívar en la batalla de Junín. Y luego comienza a redactar inmediatamente el "Ensayo sobre la necesidad de una federación general entre los estados hispanoamericanos y plan de su organización". En ese escrito fundamentaba la necesidad de una asamblea continental para garantizar independencia, paz y garantía y agregaba "cuya política tendrá por base consolidar los derechos de los pueblos y no los de algunas familias que desconocen con el tiempo el origen de los suyos". Advertía el nuevo contexto mundial y el peligro de la Santa Alianza, "el peligro que nos amenaza es entrar en contienda con la Santa Alianza" y completaba "Formar un foco que ilumine a la América; crear un poder que una las fuerzas de catorce millones de individuos, estrecharlas relaciones de los americanos uniéndolos por el gran lazo de un congreso común, para que aprendan a justificar sus intereses y formar a la letra una sola familia". El Ensayo quedo inconcluso al igual que el Proyecto de la unidad continental que hoy se llama Estado continental industrial para la Segunda Independencia.

El 28 de enero de 1825 en una calle de Lima era asesinado, en forma oscura, el "Zambo Monteagudo".
En el año 2009 cuando salía publicado El Diccionario Latinoamericano de Seguridad y Geopolítica del cuál fui Director, y me acompañaron especialistas, cientistas sociales y militares de toda América Latina y que pretende entre sus objetivos la de ser insumo doctrinario del Consejo Sudamericano de Defensa de la Unasur, hemos dedicado en su primera página a nuestro olvidado Dr. Bernardo Monteagudo de la siguiente manera: "Dedicamos esta obra, nacida de la voluntad y la fe de un conjunto de patriotas de la Patria Grande, a don Bernardo Monteagudo, ilustre latinoamericano, auditor designado por el General José de San Martín en el Ejército de los Andes, redactor del Acta de la Independencia de Chile y asesor personal de Bernardo O Higgins, Ministro de Guerra y Marina y de Gobierno y Relaciones Exteriores de Perú y estrecho colaborador del Libertador Simón Bolívar. En reconocimiento a su privilegiada inteligencia de auténtico pensador y al impetuoso arrojo con que entregó su vida, acompañando a nuestras figuras más insignes en la epopeya del proyecto fundacional latinoamericano".
MIGUEL ANGEL BARRIOS -ARGENTINA-
DR. EN EDUCACION
DR. EN CIENCIA POLITICA
DIRECTOR DEL DICCIONARIO LATINOAMERICANO DE SEGURIDAD Y GEOPOLITICA. ED. BIBLOS. BS.AS. 2009
CONSEJERO ACADEMICO DEL INSTITUTO DE ALTOS ESTUDIOS "JUAN PERON"

LAS ESTALACTITAS DEL PRESENTE
Un
artículo de Jorge Rachid
 

“Hay unas estalactitas especiales, llamadas excéntricas, que crecen en cualquier dirección. Las estalactitas no se forman solamente en cavernas kársticas naturales: pueden formarse en cualquier cavidad, natural o artificial” Diccionario Español
 
Cuando se entra a las cavernas, en la oscuridad, las estalactitas parecen personajes del tiempo que observan nuestro devenir con la calidad que dan los siglos y siglos de voces que han recorrido sus silencios, a veces como refugio, otras como curiosidad. Ese tiempo detenido es el que sale ahora por boca de actores de la política, que lejos de reconocer y dar paso a las nuevas generaciones, se pertrechan para supuestas batallas finales, en nombre de epopeyas que no le pertenecen a nadie mas que al pueblo argentino, entre ellas el peronismo y el movimiento nacional y popular. Se olvidan que sólo el pueblo determina los tiempos históricos y los nuevos paradigmas surgidos de la conciencia colectiva, que cuando se expresa suele desparramar las historias preparadas en espacios virtuales.
Estas formaciones calcáreas, las estalactitas, de depósito producido al correr del agua mineralizada por cientos y miles de años se pueden parangonar con el tiempo y la política. El agregado continuo al consumo electoral y político, producido por sectores desprendidos del movimiento nacional, en su confrontación en tiempo real, con la conducción del peronismo en el poder, han permitido la sedimentación pétrea de los peores conceptos ideológicos–doctrinarios, de los componentes reaccionarios que se dieron, por etapas, en el seno de los movimientos nacionales. Como todo proceso dinámico en continuo desarrollo, de búsqueda, de ampliación de nuevos horizontes y detección de necesidades que lleven a nuevos derechos, el actual genera rechazo de sectores conservadores, atados a la dinámica de los grupos concentrados de poder y hegemónicos por décadas, con los cuales siempre fue más fácil negociar que confrontar, mientras el pueblo, ajeno a esa circunstancia sufría las consecuencias del alineamiento automático, dentro y fuera del país.
Los estalactitas del hoy, representan la imagen de un pasado, que ha endurecido su fluidez, si alguna vez la tuvo, transformando en piedra las esperanzas, utopías, amores y compromisos generados en la participación activa y militante de la búsqueda de una sociedad más justa. Todo revolucionario o transformador ha sido vilipendiado e injuriado en su vida pública, en especial cuando su accionar ha herido intereses poderosos, los ha puesto a descubierto, los ha visibilizado ante la opinión pública y de esto el peronismo tiene una larga historia. Hemos sido juzgados, perseguidos, encarcelados y muertos por el delito de pretender una patria justa, libre y soberana. Vaya pretensión frente a aquellos personajes y grupos de poder cuya única guía fue siempre el hacer los deberes de los mandantes, repetir las frases preelaboradas de las operaciones políticas con eje mediático, producidas para “esmerilar” a los nuevos actores que entran a escena cuando el pueblo irrumpe. Siempre es una situación de choque de dos mundos cuando el pueblo expresa su opinión, sin intermediarios. Es una sensación del choque de dos realidades, las que describen los opinólogos al servicio de intereses sectoriales por un lado y las vivencias del pueblo argentino, completamente diferente.
 
Nuestra historia tiene muchos ejemplos de ello que no repetiré para no ser reiterativo pero apelo a la memoria de todos nosotros. Pensemos durante cuanto tiempo se acumuló lucha, esperanza-desesperanzas, firmeza y compromiso en una realidad que nos era hostil en apariencia, hasta que el pueblo hacía escuchar su voz. Pasaron años en la Resistencia heroica en donde era más fácil caer en la melancolía del francotirador que en la exaltación de los ideales. Sin embargo se persistió en el camino marcado por el compromiso con el pueblo, se reafirmaban conceptos puestos en duda por el enemigo, se profundizaba a la búsqueda de nuevos caminos, que eludiesen las encerronas del, que pretendía invisibilizar al pueblo. Actores, escritores, cantantes, trabajadores, delegados de fábrica, estudiantes, investigadores todos corriendo la suerte del pueblo en el silencio, la persecución y la desaparición en las noches más oscuras de las dictaduras militares, que no fue una sino muchas, destinadas a silenciarnos a todos.
La imagen pétrea de la estalactita, expresada en los discursos justificativos ante la derrota, de los portadores de agravios gratuitos por años, al pueblo que dicen representar hasta que llega la hora de las urnas, es el mejor ejemplo de cómo se convierte en roca algo que alguna vez quiso fluir como el agua. Los pensamientos ahí expresados al calor de la humillación, que solamente el pueblo con su sabiduría suele hacer sentir, no se vio reflejado en ninguna disculpa pública al movimiento nacional y a la Presidenta, por el caudal de barbaridades acumulado en la campaña. No es que no haya críticas o planteos que formular, para mejorar puntualmente situaciones que merecen la máxima atención social. No es que de la noche a la mañana todo está bien, por lo contrario el pueblo percibe el largo camino a recorrer, que la direccionalidad transitada, es la correcta, que el estado vuelve a tener un rol ordenador, que los hombres y las mujeres somos tenidos en cuenta, que en mundo que se derrumba económicamente, nuestro país avanza con integración y mayor justicia social. Que ese camino ha sido torpedeado desde el vamos por sectores desplazados, en especial del movimiento nacional que pretenden recuperarse ahora desde un discurso que siempre fue empleado por los enemigos del pueblo y en especial del peronismo.
El devenir histórico cuenta en esta etapa con dos herramientas esenciales que se han recuperado para el pueblo: el estado como eje ordenador de los conflictos de intereses que existen en toda sociedad, desplazando al mercado que en su afán indiscriminado de lucro avasalla derechos y sociedades y por otro lado la política recuperó la centralidad en la construcción de un modelo social con el hombre como articulador de las prioridades. “Un capital al servicio de la economía y la economía al servicio del pueblo”. Después de décadas neoliberales donde la subordinación a la macro economía era plena, esa recuperación marca la vigencia doctrinaria del peronismo en un mundo que hoy revitaliza “la hora de los pueblos” marcando un camino hacia el protagonismo social en el marco de la “comunidad organizada”. Esa vigencia nos permite afirmar nuestra pertenencia e identidad y redoblar el compromiso con los más humildes, los trabajadores, los desprotegidos que junto a la Patria son la razón de ser del movimiento nacional.
JORGE RACHID
CABA,22/8/11 en el día del Renunciamiento de Evita y los Fusilamientos de Trelew
jorgerachid2003@yahoo.com.ar

CLAUDIO DÍAZ: CELEBRACIÓN DEL GALLITO
Pablo José Hernández 

La anécdota, lo enseñó Arturo Jauretche a lo largo de su obra, da encarnadura al concepto abstracto. La siguiente ocurrió en la Feria del Libro de 2010.
Sentados en la mesa de uno de los barcitos del predio, era evidente que la alegría reinaba en la conversación de Claudio Díaz, Fabián D´Antonio y quien esto escribe. Podría imaginar, alguno de los circunstanciales paseantes, que la euforia tenía que ver con la inminente presentación de “El movimiento obrero argentino” en la sala ya colmada de trabajadores y con dirigentes sindicales en el estrado. Si hubiera podido escuchar la frase final con que Claudio sintetizó la charla la perplejidad del visitante hubiera sido similar a la que llevó a Borges a dictaminar que los peronistas eran “incorregibles”: “ésta es una mesa del ascenso”.
Claudio, en efecto, era un gallito del Deportivo Morón, Fabián había sido jugador del Deportivo Armenio y de Platense. Un bohemio de Atlanta es el cronista. Esa pasión futbolera de quienes –como canta el Beto Asurey- “no piden otra cosa que sudar la camiseta”, es la que posibilitó, nos parece, que Claudio Díaz escribiera libros fundamentales de la literatura política argentina.
No está demás, sin embargo, consignar otros datos que también influyeron, entre ellos las vivencias suburbanas que lo llevaron incluso a comprarle una casa en Haedo a su madre, aquella vez que ganara el concurso de Odol Pregunta contestando sobre selecciones argentinas de fútbol. O el entorno familiero, entrañablemente descripto por un amigo, Gustavo, para el diario Crónica “ahí están Mónica, Claudia (sus hermanas), las sobrinas que él amaba con todo el corazón, y su madre, su motor, su amiga, su inseparable socia: Jenny. “La hacedora de las más ricas berenjenas y morrones para el asado que haya habido jamás”.
Si hablamos del periodismo, en tanto, Claudio Díaz supo jugar siempre en primera A. Fue profesional de fuste en los medios de la prensa comercial (Crónica, La Razón, y Clarín) ganando incluso sendos Martín Fierro en 1992, 1993 y 1995 para el servicio informativo de Radio Mitre. La prensa militante supo de sus notas en Jotapé, El Despertador, El Periodista, El Porteño y Línea. En ambas facetas mostró, siempre, la misma calidad. Sabía, como pocos, que un militante tenía que ser buen periodista si era la prensa lo que elegía para cumplir con su tarea. Hay que entender que fue desde su lucidez y su dolor que escribió en su memorable renuncia a Clarín una frase que conmueve. Decía, en referencia a una etapa de ese diario, “ha llegado al nivel de un verdadero pasquín que nada tiene que envidiarles a las publicaciones partidarias”.
Antonio Gramsci, en sus Cuadernos de la cárcel, más de una vez expresaría su preocupación por la baja calidad de la prensa partidaria, alarmado porque sus adversarios pudieran llegar a decir “mirad, no saben hacer un periódico y pretenden dirigir al estado”.
Otra frase de Gramsci –y su conducta lo prueba- también podría haber sido pronunciada por Claudio: “nunca he sido un periodista que haya vendido su pluma a quien le pagase mejor y que se ve obligado a mentir siempre porque la mentira entra en su calificación profesional”.
Esa calidad e integridad profesional fue la que le permitió resumir en escasas líneas su vocación y su conducta: “simplemente amo el trabajo periodístico, tengo pensamiento propio (aunque, que le vamos a hacer… no es el políticamente correcto) y un compromiso de honrar mi oficio”. Esa misma definición es la que lo llevó seguramente, en 1984, a marcar a fuego con su libro La Prensa Canallaa quienes usaron empresas de comunicación para respaldar a la dictadura cívico militar que el 24 de marzo de 1976 derrocó a los tres poderes del gobierno democrático.
Su amor a la camiseta, en cambio, produjo en el 2000 una interesante contribución a la historia local con su “Morón, el grito nuestro de cada sábado” en donde las peripecias, las desventuras y los logros del Gallito encontraron un cronista de lujo.
Un párrafo le alcanzó, asimismo, para adelantar el contenido del Manual del antiperonismo ilustrado, un cuidado volumen que incluye una reseña histórica de la obra de gobierno (período 1946-1955) a cargo del profesor Enrique Manson. “Un glamoroso staff de chefs mediáticos –escribe Claudio- quiere convencernos de probar estupendos y liberales platos que calmarán el hambre de patria que aprieta nuestras vísceras. Pero desconfiados de tanta propaganda optamos por ofrecer aquí un recetario de ideas nacionales que contraponga la carta de cierta intelectualidad, que el único menú que tiene para ofrecernos es una hamburguesa de lombrices. Nosotros nos seguimos quedando con el choripán”.
Pacho O´Donnell –narrador, dramaturgo, historiador, psicoanalista y activo promotor de la cultura desde la esfera privada o desde la oficial- comprendió la profundidad del texto nombrado vertiendo conceptos que conviene reproducir extensamente: “a su autor no le tiembla la mano para nombrar a quienes oculta o desembozadamente se colocan del lado liberal-autoritario, la ideología que triunfó al cabo de nuestras guerras civiles y que desde entonces rige no sólo la política y la economía argentinas, sino también los criterios del prestigio y de la validación de lo intelectual”. Así Claudio –continúa Pacho- incursiona “lúcidamente en rubros como el accionar de los historiadores tribunalicios, de la deletérea pedagogía antinacional disfrazada de progreso y civilización, de los lugares comunes que se empeñaron y empeñan en desacreditar al peronismo (fascista, comunista, clerical, etc.) de la policía de ideas que descalifican a los pensadores nacionales y populares, del gorilismo de los intelectuales autopromocionados como progresistas, de la crónica incomprensión de lo nacional por parte de los intelectuales de izquierda, de los traficantes de ideologías en el seno del justicialismo”.
El libro, con cuidada prosa, está teñido de una impronta jauretcheana que sacude la modorra aún de aquellas mentes menos despabiladas que se conforman con inocuos placebos. La pluma de Claudio no deja resquicios para eludir la disyuntiva fundamental: se está con la patria y el pueblo o se está en su contra.
“El movimiento obrero argentino”, publicado por Fabro en el 2010, cumple por su parte con una antigua deuda que el pensamiento nacional tenía con los trabajadores organizados. Existían sí, es verdad, antecedentes parciales de indudable valor. Como hicimos el 17 de octubre de Ángel Perelman y Del anarquismo al peronismo de Alberto Belloni son dos clásicos que abrieron huella en la década del sesenta escritos, ambos, por dirigentes sindicales. El proletariado en la revolución nacional de Rodolfo Puiggrós, Sindicatos y poder en la Argentina de Roberto Carri y Breve historia de las luchas sociales en Argentina de Rubén Bortnik son prueba también de que tres generaciones distintas hicieron su aporte al tema desde esta visión historiográfica. El libro de Claudio Díaz, sin embargo, incluye y completa a dichas obras reuniendo en un volumen una trayectoria rastreada aún en el siglo XIX para culminar en las sólidas organizaciones del presente. Si, “Alpargatas sí, libros también” fue la consigna que presidió, en el 2011, la presentación en la Feria del Libro de nuestro texto Cristina, los setenta y la Vuelta de Obligado, con Hugo Moyano y Alejandro Amor entre los oradores del acto, esa misma consigna levantada al unísono por los secretarios generales del CGT y de la 62 Organizaciones de la Capital Federal define con la pulcra exactitud el apasionante libro de Díaz que constituye, en rigor, una militante opción por la confluencia del cotidiano trabajo y del meditar nacional.
La segura contundencia del escritor resume, otra vez, el contenido y el espíritu del libro: “las organizaciones sindicales y sus cuerpos orgánicos no sólo constituyen a lo largo del tiempo, es decir, ayer hoy y siempre, la columna vertebral de la Nación, sino además su seguridad identitaria e ideológica, porque en ellas se afirma el sentimiento de quienes son los principales sostenes de una comunidad: los trabajadores”
El inicio de la dedicatoria manuscrita estampada en el ejemplar que me regaló nos retrotrae a aquella “mesa del ascenso”: “De un gallito a un bohemio”. También nos vuelve, ya en el recuerdo, al sábado que continuó a ese 5 de agosto en que a las 21:50, en el Instituto del Diagnóstico, su cuerpo dijo que no.
Faltaba poco para las once de la mañana cuando junto a Pablo Vázquez llegamos a la Casa de la Defensa. Ya estaban allí desde temprano Martín García y Fabián D´Antonio. Los cuatro -junto a dos empleados de la funeraria, quizás inorgánicos representantes de los trabajadores- tuvimos el altísimo honor de entrar su féretro al edificio de Telam, la agencia oficial de noticias de la República Argentina. Allí lo depositamos custodiado, desde el cartel, por una guardia de honor que le rendía tributo: Mariano Moreno, Raúl Scalabrini Ortiz y Rodolfo Walsh. Claudio, desde una pantalla, seguía con su predica militante mientras el dolor de los familiares enmarcaba el continuo transitar de militantes, escritores, periodistas y dirigentes obreros que llegaban a dar su último adiós. Uno de ellos, veterano de la guerra de Malvinas, lo definió, emocionado, frente al cajón: “era un valiente”, estampó César Trejo. La marcha peronista atronaría a la mañana siguiente en las galerías de nichos del cementerio de Morón. Velatorio y entierro no fueron en este caso, lógico, ceremonias fúnebres. El dolor –como en los setenta- se entremezcló con la esperanza militante. La muerte, experiencia religiosa mediante –como en la misa- se transformó en celebración.
Me había tocado presentarlo, el año pasado, en la Peña Trento Passapponti de Moreno. Conté en aquella ocasión otra anécdota que, como la del inicio, también remite a Jauretche. Un gran periodista oriental, Alberto L. Carbone, solía transitar los andariveles de la profesión y los de la militancia y por ello era común encontrarnos en distintas redacciones o en los cafés de la conversación política. Corrían los ochenta y el avance de la crisis alfonsinista, cuando empezaron a reiterarse las reuniones entre los gobernadores y los ministros de economía de las provincias con administraciones peronistas. Fue en una de esas oportunidades, mientras hacíamos tiempo esperando la información, que el Gato Carbone me sorprendió con una definición tajante que después pude comprobar. “Tenés que leer –me dijo esa vez- a Claudio Díaz. Ese pendejo es el sucesor de Jauretche”.
 
  
Crónica; 7 de agosto de 2011
Díaz, Claudio; El movimiento obrero argentino; Fabro; 2010
                        Manual del antiperonismo ilustrado; Ciccus; 2007
Tiempo Argentino; 7 de agosto de 2011
Gramsci, Antonio; en Giussepe Fiori; Vida de Antonio Gramsci;
       Península; Barcelona; 1968
                               El árbol del erizo; Bruguera; 1981
 

 

A la memoria de Claudio Díaz. Un autentico pensador nacional
Por Marcelo Gullo* 

Hace apenas unos minutos con Antonio, mi hijo menor, rezamos por el alma del compañero Claudio Díaz. Antonio me había escuchado hablar de la muerte de Claudio y, fue él, el  que me pidió que eleváramos una oración por su alma. ¡Qué gran tristeza nos embarga a todos los que fuimos sus compañeros! ¿Por qué hay vivos tantos viejos intelectuales cipayos y se nos fue Claudio? ¿Por qué hay vivos tantos viejos periodistas miserables y se nos fue Claudio? Cruzan por mi mente estas preguntas cuando escucho la voz de Claudio que me susurra al oído diciéndome: “Marcelo, es el misterio de la vida y de la muerte, no te enojes con Dios, porque yo fui siempre un hombre de fe”. Recuerdo, ahora, cuando viajamos juntos a Nogoya, invitados por su intendente, para realizar un homenaje a Fermín Chávez. Busco la foto que nos sacamos juntos y no la encuentro. La pucha que duele hondo la muerte de Claudio. Otra vez escucho la voz de Claudio que me susurra al oído: “Marcelo dejá la tristeza y contale a mi pueblo, por el cual luche siempre, cuales fueron mis libros, cuales fueron mis ideas, dale dejá de lloriquear que nosotros somos militantes, no intelectuales tilingos”.
 Conocí a Claudio mirando televisión, como diría Guillermo Hudson, “allá lejos y hace tiempo”. Claudio era el chico de “Odol pregunta” que contestaba sobre seleccionados de futbol de Argentina. Claudio tenía doce años. Por ese entonces, no imaginaba que Dios cruzaría nuestros destinos y nos pondría en la misma trinchera. El conductor del programa era Cacho Fontana. Por Dios, que memoria tenía Claudio. Tanta que resulto ganador del programa de forma extraordinaria. Con la plata que recibió como premio, Claudio le compró una casa a su mamá. No sería el último galardón que recibiría Claudio, en 1989 recibió, en la Habana, nada menos que de las manos de Fidel Castro el Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí, por su trabajo de investigación sobre sectas en Argentina junto a Alfredo Silleta.
 La vida lo llevó a trabajar al Diario Clarín donde fue director del suplemento zonal Morón-Ituzaingó de dicho matutino. Pero Claudio era ante todo un militante del campo nacional y popular, un auténtico peronista de raza, de esos que ya casi no se encuentran, por eso, en ocasión de las polémicas públicas en torno a la Resolución 125 sobre retenciones a las exportaciones agropecuarias, ejerciendo el periodismo con actitud militante, decidió renunciar como empleado del Grupo Clarín sin recibir indemnización ni pago alguno. Pocos días después su casa fue asaltada por una banda de encapuchados que golpearon cobardemente a su madre.
 Claudio tenía una pluma jauretcheana y, como don Arturo, no tenía pelos en la lengua por eso se atrevía a decir cosas tan políticamente incorrectas como estas: En la Argentina, es evidente que el 90 por ciento del sector que proviene del pensamiento de izquierda sigue sin entender la cuestión nacional, el peronismo y la importancia de lo nacional en un país como la Argentina que, salvo muy breves períodos, siempre estuvo colonizado económica y culturalmente. Insiste con los argumentos discursivos respecto del peronismo, que le valieron estar alejados del pueblo y de las masas populares. Insiste en que es un movimiento populista, que se basa en la demagogia y en el engaño a las masas populares. Esa concepción fascistoide, que se le quiere endosar, no es cierta; si hubo un movimiento integrador de todas las clases sociales, ese fue el peronismo. Esos 'falsos ilustrados' son los que hoy están en los medios de comunicación más importantes, la televisión y la radio los incorporaron porque sirven a los intereses de los grandes medios. Como el discurso del liberalismo fracasó, les dan la bienvenida a sectores de la izquierda que tienen ese discurso y le hacen el juego al establishment”.  Cuando en marzo del 2008, el periodista Jonathan Rippel le preguntó “-¿Por qué tanta gente de la cultura es antiperonista en un país cuya mayoría es peronista?” Claudio le contesto a quemarropa: “Por la formación política y filosófica, relacionada con cómo se establecieron, hacia 1880 y 1890, los programas de estudio en los niveles académicos. También obedece a una cuestión de origen social de quienes trabajan con las ideas. El problema de la Argentina es que muy pocas veces esos sectores, concentrados en los grandes conglomerados de Buenos Aires y del interior, lograron entender la matriz de lo criollo, lo argentino. Por la constitución de este territorio, con la conquista española y diferentes avances en su organización, tiene una matriz que podríamos asociar a lo hispánico y lo católico. Puede gustar más o menos, pero esa es la matriz y es como el cordón umbilical de cada uno de nosotros”.
 “Pero, eso es algo que no se puede cambiar” le repreguntó el periodista sorprendido por una respuesta tan políticamente incorrecta. A la cual Claudio Díaz contestó tajantemente: “-No, y parte de la intelectualidad rechaza esa realidad. En la batalla de Caseros se derrota el proyecto de Rosas y se pretende trasplantar el sistema de enseñanza y la estructura del pensamiento; es el famoso proyecto de Sarmiento de importar gente de Inglaterra y Francia para reemplazar al producto criollo. Pero también fracasa y terminan viniendo tanos y gallegos. Ese proyecto contranatura se traslada a lo ideológico y a lo político, con las ideas predominantes del positivismo y el liberalismo económico, que terminan siendo la fuente de inspiración del sistema educativo y del pensamiento que, a partir de ahí, se inserta en la sociedad. Con esa serie de ideas se forma la mayoría de los grupos periodísticos, de escritores o académicos” (y nuestro pueblo) “No tiene la posibilidad o el interés de instruirse en ese tipo de pensamiento. Conserva esa veneración a su religión católica; su identificación con lo hispánico, aunque no desciendan de esa cultura, que está en el idioma, las costumbres y las tradiciones. Eso lleva a un divorcio histórico del cual es responsable esa clase intelectual, porque se supone que es la que se prepara para comprender la historia de un pueblo, le guste o no. Además, el intelectual, sobre todo el de izquierda, piensa que una revolución es como una ciencia exacta. La piensa, la lucubra, pero no sabe cuándo ni dónde se va a producir. La idealiza a partir de los libros y un día se encuentra con que un milico y una muchachita que viene del interior hacen una revolución... Se les viene la estantería abajo, con todos los libros encima. Porque el peronismo es una revolución, de tipo nacional, pese a que nos acostumbran a creer que las únicas revoluciones son las socialistas. El peronismo cambió de raíz lo que era la Argentina de entonces” (y luego agrega Claudio Díaz a modo de estocada final) pero la estructura del sistema educativo quedó en manos del pensamiento liberal, que predominó y predomina de tal manera que hoy los pibes siguen aprendiendo, y los medios de comunicación siguen difundiendo, las ideas de Bartolomé Mitre, Sarmiento, García Hamilton y Luis Alberto Romero. Pero desconocen las ideas de los pensadores nacionales. Halperín Donghi, y otros, no son liberales puros, pero son liberales de izquierda, que es la otra pata del sistema”. 
Claudio Díaz fue un prolífico pensador nacional, entre sus libros se destacan los títulos "Manual del antiperonismo ilustrado", "Diario de guerra. Clarín el gran engaño argentino"; y el "Movimiento Obrero Argentino". Claudio Díaz nos dejó a los 52 años, como Scalabrini Ortiz, se nos fue demasiado pronto pero, como Scalabrini, nos dejó sus libros como herramientas para la definitiva liberación cultural de nuestra Patria.
(*) Doctor en Ciencia Política por la Universidad del Salvador, Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Nacional de Rosario, graduado en Estudios Internacionales por la Escuela Diplomática de Madrid, obtuvo el Diploma de Estudios Superiores (Maestría) en Relaciones Internacionales, especialización en Historia y Política Internacional, por el Institut Universitaire de Hautes Etudes Internationales, de Ginebra. Discípulo del politólogo brasileño Helio Jaguaribe y del sociólogo y teólogo uruguayo Alberto Methol Ferré, ha publicado numerosos artículos y libros, entre ellos Argentina Brasil: La gran oportunidad (prólogo de Helio Jaguaribe y epílogo de Alberto Methol Ferré) y La insubordinación fundante: Breve historia de la construcción del poder de las naciones (traducido al italiano y publicado en Firenze con el título La Costruzione del Potere, ed Vallecchi, 2010)., asesor en materia de Relaciones Internacionales de la Federación Latinoamericana de Trabajadores de la Educación y la Cultura (FLATEC)
[1] Todas las citas corresponden a RIPPEL, Jonathan,  “La izquierda sigue sin entender al peronismo. Entrevista a Claudio Diaz”, http://www.sadop.net/1014/914/quotla-izquierda-sigue-sin-entender-al-peronismoquot

 

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